De Camisano y su gente

[…] Francesca es una chica joven, de unos 24 años, que trabaja en el sector social, en cooperación para el desarrollo. Es más bien extraña, pues a pesar de sus buenas intenciones no me parece que inspire mucha confianza. Mientras habla no mueve mucho los músculos faciales, es más, no se le borra una expresión de amargura y algo parecido a ganas de no involucrarse. Extraño asunto. Las arrugas cerca de su boca son muy marcadas. Habla dentro de su boca. Es una mujer que definitivamente se contiene, quiere dar mucho a los demás pero no se da a sí misma. No se da. […]

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Author Mariela De Marchi Moyano Category Textos

Dudas y antojos, o viceversa – post desordenado

A principios de agosto me compré el anhelado Macbook. Tras un mes de traslados, instalaciones y exploraciones, lo uso para trabajar (la vieja pc queda de reserva) y para hacer todo lo demás. Todo lo demás… ¿qué es todo lo demás? Navegar, escribir, dibujar, procesar imágenes, explorar… Hoy, por ejemplo, de casualidad fui a parar a blogs bolivianos y me dio una nostalgia terrible. Angustia de ya no poder seguir el hilo, de ver todo desde afuera, de sentirme una extranjera. Me dieron ganas de tomar más contacto, leer, escribir, estar al tanto de todo. ¿Pero de dónde saco el tiempo y las fuerzas? Ya estoy metida en mil cosas… Demasiadas, evidentemente. Tarde o temprano tendré que elegir.
Hace algunos meses dejé congeladas algunas de mis pasiones, como la lectura y la escritura frecuentes, para poder dedicarme más al trabajo y ganarme de una vez el pan de cada día en completa autonomía. Bueno, el pan ya está, ahora tengo que esforzarme por conseguir mejores clientes, para poder ganar más y trabajar menos. Y volver a mis viejos amores.
Qué día, y eso que recién es media tarde. Descubrí que invité a casa a un crítico literario, sin saberlo, y para ver quién era me perdí en lecturas italianas. Chateé con mi hermana, que anda con líos burocráticos, y para ayudarla fui a ver mis documentos: más nostalgia. Viejos carnés universitarios, fotos, certificados de nacimiento (y otros impronunciables), libretas de notas del colegio, permisos para viajes de menores de edad, legalizaciones de títulos de studio… ¿Cómo son esos documentos ahora? ¿Cómo es el carnet boliviano? ¿De qué tipo serían mis amigos si yo siguiera allá? ¿Habría yo seguido esta senda medio geeky, medio snob, medio intelectual, medio hippy, medio transgresiva, medio cronopio, medio fama, medio…? Medio yo misma, pero nunca mediocre.
Ya estoy divagando. Divago y ando. Ahora vuelvo al trabajo, tengo un par de páginas para entregar esta tarde, otra mañana en la mañana, otras 9 mañana en la tarde… Quién sabe si tendré la fuerza de volver a mí antes de lo previsto.

Author Mariela De Marchi Moyano Category Textos 2 Comments

el jardín y yo

Amenacé desde el principio con cortar el pasto. Así que apenas las niñas estuvieron desayunadas y vestidas me lancé afuera a dar fin con las melenas vegetales. No tomaba las riendas del jardín desde el años pasado: la gran diferencia era una serie de arbustos que mi suegro hizo poner a lo largo de la reja. Yo habría preferido la hiedra o el pino: nada, arbustos. El año pasado dije que nos llenaríamos de hojas por recoger, pero no cayó una sola hoja. No en otoño. En cambio este año, quién sabe por qué, las hojas cayeron en estos días de primavera. Así que cada vez que me acercaba a los arbustos con la cortadora eléctrica, ratatata plac puf tac trac sonaban las hojas secas que se hacían trizas entre las lamas. Con lo fácil que era antes cortar estilo campo de golf, con pocos obstáculos.
Ya en la tarde me agarró la obsesión perfeccionista y dejé el patio como postal suiza, sin un pelo fuera de lugar. Me puedo permitir el lujo de hacerlo porque todavía hay pocos mosquitos y escasa humedad. Dentro de un par de semanas será imposible. El asunto también es buena ocasión para tomar sol y mover el cuerpo, tan adormecido el pobre delante de esta compu.
Sé que las flores le dan un toque más vivo a la casa, pero no las quiero. Ya tengo hijas, pareja, trabajo, árboles, arbustos… ¿cuándo y con qué energías me ocuparé de las flores? Siempre se me murieron, pobres, mejor dejarlas en paz.

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